Por Juan Santiago, CEO de Santex y fundador de AI League for Good
La Inteligencia Artificial ya no es un tema para los tecnólogos. Es una conversación urgente para quienes toman decisiones todos los días que afectan la vida de millones de personas. Y si hay un lugar donde ese impacto es más inmediato y visible, es en los gobiernos locales.
Porque ahí, en lo cotidiano, es donde se juega el futuro.
Pero empecemos por lo básico, no hay IA sin datos. Y no hay decisiones inteligentes sin datos confiables.
Hoy en América Latina, solo el 26% de los gobiernos locales tiene estrategias de innovación pública con perspectiva de datos (CAF, 2023). Y apenas el 18% cuenta con marcos éticos para la adopción de IA (OCDE & BID – GovTech LATAM). Es decir: el 80% está decidiendo sin brújula, no tienen un norte claro.
¿Queremos ciudades más seguras, sustentables, inclusivas? Entonces necesitamos decisiones basadas en evidencia. Y para eso, hace falta un nuevo tipo de liderazgo. Uno que entienda que integrar tecnología no es un gasto, sino una inversión en gobernabilidad y calidad democrática.
De la intuición al algoritmo con propósito
En Santex, trabajamos con el concepto de integrador tecnológico y humano. No creemos en soluciones mágicas ni en IA sin sentido. Creemos en resolver problemas reales. Lo hicimos con empresas y gobiernos, y sabemos que el primer paso no es tecnológico, es cultural.
La pregunta clave para cualquier municipio no es «¿qué IA implemento?», sino «¿qué problema quiero resolver?».
Un ejemplo: en Panaji, India, cruzar datos geoespaciales con registros fiscales permitió detectar miles de propiedades no declaradas. Resultado: 47% más recaudación. No hubo magia. Hubo datos organizados, propósito claro y decisión política.
En Nueva York, modelos predictivos optimizaron los ingresos por impuestos inmobiliarios. Más precisión, menos incertidumbre.
La IA no reemplaza. Potencia.
Tres principios para dejar de improvisar
1. Empezar chico, pensar grande.
No se trata de digitalizar todo de golpe. Se trata de elegir un área crítica, como salud, movilidad o recaudación, y demostrar impacto. Eso construye confianza interna y social.
2. Diseñar el mapa de habilidades que se viene.
Según el Foro Económico Mundial, el 44% de las tareas actuales podría automatizarse para 2027. ¿Y los municipios? ¿Ya están pensando qué perfiles van a necesitar? ¿O van a quedarse sin talento justo cuando más lo necesitan?
3. Gobernar la IA con reglas humanas.
Los datos no son un commodity. Son patrimonio social. Pero hoy, muchos gobiernos no saben cuántos datos generan sus ciudadanos ni cómo los usan las plataformas que operan en sus ciudades. ¿Quién los gestiona? ¿Quién los capitaliza?
Y más importante aún: ¿quién los coparticipa?
Hoy, las plataformas digitales construyen imperios con datos generados localmente, sin devolver nada a los territorios que los producen. Los municipios deberían exigir coparticipación de los datos: transparencia en el uso, devolución de valor, y beneficios tangibles para la comunidad que los genera. Así como existe coparticipación de impuestos, necesitamos repensar un modelo de coparticipación de la inteligencia.
Desde AI League for Good desarrollamos un blueprint para ayudar a municipios del Sur Global a crear sus propios marcos éticos, regulatorios y de soberanía digital. Porque si los datos son de las personas, las reglas no pueden estar escritas en Silicon Valley. (https://aileagueforgood.ai/)
Un llamado a los nuevos líderes públicos
Esto no es un artículo sobre tecnología. Es un llamado de atención. El verdadero cambio no lo genera el software, lo genera la decisión política de no gobernar más con intuiciones o el corto plazo electoral.
La buena noticia, ya no hace falta esperar. Las herramientas existen. La pregunta es si vamos a ser protagonistas o espectadores de nuestra propia transformación.